Mi primo siempre ha querido dar la vuelta al mundo, pero tiene un Citroën Saxo de más de 20 años que, sinceramente, me sigo sorprendiendo a día de hoy de que pueda seguir arrancándolo para ir a trabajar. De verdad, porque es precioso, y muy bueno (ha durado más de 20 años, así que imagínate…) pero no podían usarlo para lo que quería, que era dar la vuelta al mundo en varios meses.
Sí, sé que hay gente que ha ido de España a Japón con un coche de dudosa fiablidad, solo tienes que leerlo aquí, pero unos pueden tener suerte, otros mala suerte, y mi primo jamás se ha caracterizado por tener buena suerte (salvo para casarse porque Sofía es un amor de mujer).
Entonces se le ocurrió la maravillosa (y sensata) idea de alquilarse un coche. ¿Me dejáis contaros sus aventuras con ese coche por el mundo? Por favor, necesito que disfrutes conmigo.
Francia — Menos mal que tenían seguro, o se habrían quedado atascados en Francia
Mi primo, Juan Carlos, salió de España con toda la ilusión del mundo, con Sofía sentada a su lado al lado, la música de los 80s puesta a todo volúmen y con ningún plan real, porque todo iba a ser planificando sobre la marcha. Todo iba genial hasta que cruzaron la frontera con Francia y, claro, empezó la aventura de verdad. Porque una cosa es imaginar un viaje, y otra vivirlo.
El problema fue que entraron en una carretera secundaria, con mucho barro, piedras grandes y curvas que pueden ser muy peligrosas con un coche en mal estado. Ellos alquilaron y todoterreno rojo precioso, precisamente porque no sabían por qué terrenos iban a coger. Bueno, pues el todoterreno iba perfecto… pero en un momento concreto se metieron por un camino que estaba más roto y deteriorado de la cuenta. El coche empezó a hacer un ruido raro, pararon, miraron… y sí, descubrieron que algo iba mal. Pero ¿cómo era posible, si era alquilado…?
Bueno, pues menos mal que tenían seguro, o se habrían quedado atascados en Francia. Literalmente. Llamaron al servicio del alquiler, les explicaron dónde estaban y en una o dos horas apareció la asistencia. Ellos le revisaron el coche, se lo arreglaron y le dieron que no pasaba nada, que si hubiesen tenido que llevárselo, le habrían dado uno de repuesto en el mismo día con las mismas condiciones para que hubiesen seguido su viaje.
Los profesionales de la venta y el alquiler de coches de Mouronte nos explican que un seguro del coche alquilado cubre asistencia en carretera, averías, incidencias durante el viaje y muchas situaciones que en tu coche propio serían muy caro y complicado, así que di gracias a Dios porque mi primo hubiese alquilado uno, en vez de ir con el suyo propio.
Italia — El maletero del coche era buenísimo
En Italia pasó algo que parece una tontería, pero que en un viaje largo agradeces, y ahora verás por qué. El maletero del todoterreno era enorme, pero enorme de verdad.
Mi primo y Sofía llevaban ropa para varios climas, mochilas, una pequeña nevera portátil, cámaras, trípodes y mil cosas más que son geniales para cuando vas de viaje, y claro, eso con su viejo saxo habría sido imposible. Con dos maletas ya habrían llenado el maletero. Y claro, cuando viajas así necesitas espacio, porque nunca sabes lo que va a pasar o lo que te vas a encontrar.
Ellos decidieron hacer noche en una zona de montaña en el norte de Italia. Eligieron un mal día, porque llovía mucho, así que el plan de montar una pequeña tienda de campaña no pintaba nada bien. Pero improvisaron: bajaron los asientos traseros, organizaron las mochilas y en cuestión de minutos, tenían una especie de mini dormitorio dentro del coche. Eso lo sacaron de mí y mi esposo, porque hace tiempo construimos en nuestro Dacia Sandero una pequeña cama haciendo eso mismo, bajando los asiento y poniendo unos colchones. Es algo incómodo, pero se duerme.
Esa noche durmieron dentro del todoterreno, pero durmieron calentitos, secos y riéndose mucho, porque jamás habían pensado usar el coche como habitación.
Suiza — Subir por la montaña sin miedo
En Suiza comprobaron de verdad si el todoterreno era de verdad para todos los terrenos. Les dio algo de miedo comprobarlo, pero descubrieron que sí, que lo era. Las carreteras de montaña allí son preciosas, pero también tienen lo suyo: curvas cerradas, pendientes importantes, caminos que se van estrechando a medida que subes…
Mi primo me contó que en un momento concreto decidieron desviarse de la ruta principal para ver un lago que habían visto en un mapa. El camino empezó siendo asfaltado, que después se convirtió en una carretera pequeña y luego en algo que ya parecía un camino de tierra.
Un coche normal habría sufrido con él, me dijo, su suspensión, las ruedas, la tracción… todo, pero el todoterreno iba como si nada. Subía tranquilo, no hacía ruidos raros ni forzaba mucho el motor, que es lo que me pasa a mí cuando subo cuestas en Galicia, que mi motor ronronea y se queja mucho.
Cuando llegaron arriba, sintieron que mereció la pena: vieron un lago enorme, casi sin gente y todo tenía un silencio que daba una paz paravillosa. Ese tipo de lugares solo los encuentras cuando puedes salirte de la carretera normal, y ahí el coche que llevas te ayuda… o no.
Austria — El dinero que prefirió gastar en el viaje
En Austria llevaban ya bastantes kilómetros recorridos y empezaron a hablar dinero, que es algo de lo que siempre se suele hablar, porque cuando organizas un viaje tan largo siempre hay una pregunta que aparece tarde o temprano: ¿cuánto cuesta realmente todo esto?
Mi primo me contó que durante un momento se pensó en comprar un coche para el viaje. Algo barato, de segunda mano, que pudiera aguantar unos meses de carretera y nada más, solo para el momento… pero que, cuando empezó a hacer números, vio que no era factible, porque comprar un coche implica seguro, impuestos, mantenimiento, posibles reparaciones… y luego intentar venderlo al final del viaje.
Con el coche alquilado, ese problema no existía, ellos solo pagaban el alquiler. Nada de talleres, nada de perder tiempo vendiendo el coche meses después, nada de sorpresas mecánicas que te rompen el presupuesto… todo estaba bastante claro desde el principio.
Y lo mejor es que ese dinero que habría terminado atrapado en un coche lo usaron para otras cosas del viaje: pasaron más noches en lugares bonitos, tuvieron más comidas especiales, hicieron más excursiones improvisadas… al final, lo cambiaron por recuerdos, que es lo que más importa, en realidad.
Hungría — Aparcar en cualquier ciudad
Hungría fue uno de esos momentos donde apareció una ventaja muy simple: aparcar. Puede parecer una tontería cuando estás planeando el viaje desde casa, pero cuando empiezas a visitar ciudades diferentes cada semana, aparcar se convierte en una pequeña aventura. Si ya lo hace en tu ciudad… imagínate en sitios extranjeros que ni conoces.
Mi primo me contó que cuando viajas con tu propio coche buscas siempre el sitio más seguro (por miedo a que te lo destrocen), te preocupas si la zona es estrecha, si hay demasiados coches alrededor o si alguien puede darle un golpe.
Al tenerlo alquilado, vas más seguro porque estás protegido. Sigues aparcando con cuidado, claro, pero ya no tienes esa sensación de estar protegiendo algo que es tuyo y que te puede costar mucho dinero si pasa le algo. Esa diferencia mental se nota más de lo que parece.
En Hungría aparcaron en ciudades con calles estrechas, plazas muy pequeñas y zonas donde los coches se colocan bastante pegados unos a otros… y en lugar de estar diez minutos buscando el sitio perfecto, aparcaban, cerraban el coche y se iban a explorar. ¡Y lo pasaron pipa!
Rumanía — Menos papeleo, más viaje
En Rumanía apareció otro beneficio bastante claro de alquilar el coche: cuando usas tu propio coche para un viaje largo, empiezan a aparecer mil cosas administrativas, sobre todo cuanto tienes que pasar de país en país: documentos del vehículo, revisiones, seguros, comprobaciones antes de salir…
Mi primo me contó que antes de salir estuvieron mirando todo lo que implica viajar con tu coche por varios países, como las fechas de las revisiones, los documentos que tienes que llevar encima, las comprobaciones del vehículo antes de salir durante meses… incluso me dijo que hay países que, por ser extranjero y no tener tal o cual cosas, te dejan en la frontera y no te permiten pasar. Vamos, que puedes tener muchos problemas.
Con el coche alquilado, el vehículo estaba revisado, preparado para la carretera y con todos los papeles en regla. Ellos solo tenían que conducir y, si pasaba algo, se encargaban de todo desde la empresa de alquiler y venta. ¡Un buen extra en el que pocos piensan cuando van de viaje!
Turquía — Disfrutar del coche sin preocuparte del mantenimiento
En Turquía no tuvieron que preocuparse por el mantenimiento durante todo el viaje. Cuando viajas con tu propio coche, aunque sea fiable, siempre está la voz dentro en la cabeza diciendo “¿Y si se estropea ahora?” o “¿Tendré que llevarlo al taller pronto?”. Si eso pasa, se te va un buen bocado en el presupuesto y puedes joderte el viaje.
Pero con el coche alquilado todo eso no apareció ni un día. Sabían que cualquier cosa que fallara estaba cubierta por la empresa de alquiler, como le dijeron en Francia, y que ellos no tenían que gastar tiempo ni dinero en revisiones ni arreglos, solo tenían que conducir y disfrutar.
Eso cambió totalmente la sensación del viaje, porque la carretera se volvía solo diversión y aventura, sin tensiones adicionales.
Gracias a esto, me contó que incluso los días más largos de conducción fueran más tranquilos, porque podían concentrarse en la música, en el paisaje y en planear las próximas paradas sin tener que estar pensando en ruidos raros, luces de advertencia o el aceite del motor. Todo estaba resuelto por adelantado, y eso, para quienes usamos el coche todos los días, ya sea para trabajar, para ir a la ciudad vecina o para ir al otro lado del mundo, sabemos que da mucha paz.
Mi primo me dijo que viajar así es otra experiencia completamente distinta, que tienes la sensación de libertad total, pero sin cargar con ninguna responsabilidad. Y cuando vas a hacer un viaje de meses, como el de ellos, eso vale muchísimo, porque en un viaje de bodas se trata de disfrutar, no de preocuparte por tonterías. Por eso, poder usar el coche sin preocuparte del mantenimiento convirtió a Turquía en uno de los tramos más tranquilos y disfrutables del viaje.
Grecia — La sensación de libertad
Grecia fue uno de los momentos más tranquilos del viaje, según me han comentado. Después de hacer tantos kilómetros, de pasar por tantas carreteras y de ver tantos países (Todos maravillosos), llegaron a una zona costera donde el viaje exigía ir más despacio para disfrutar mejor de las carreteras junto al mar, de esos preciosos pueblos pequeños y de ese sonido de las olas al fondo.
Ahí empezaron a conducir sin prisa, sin ningún tipo de prisa, con las ventanas abiertas, la música suave y el sol cayendo poco a poco hacia el horizonte. En un momento vieron una pequeña carretera que bajaba hacia la playa y no lo dudaron, giraron el volante, siguieron ese camino y terminaron llegando a una playa casi vacía. Aparcaron el coche a pocos metros de la arena.
Bajaron, caminaron unos pasos y se quedaron un buen rato mirando el mar, sin hablar, solo disfrutando del momento. Luego volvieron al coche, sacaron algo de comida del maletero y se sentaron en la parte trasera para contemplar el precioso atardecer.
Ese día, mi primo me dijo que alquilar ese coche había sido una de las mejores decisiones del viaje, porque les permitió moverse cuando querían, cambiar de plan en cualquier momento, explorar sitios que no estaban en ningún mapa y pararse donde les apeteciera.
No dependían de transporte público, ni dehorarios ni de nadie más, así que podían improvisar, descubrir rincones escondidos y seguir su propio ritmo sin tener que agobiarse por molestar a otras personas en sus viajes.
Y después de escuchar toda su aventura, todas las historias y lo que consiguieron gracias al coche… cuesta mucho llevarle la contraria.