¿Acristalar la terraza o no? Esto es lo que debemos valorar antes de decidir

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Acristalar la terraza parece una buena idea hasta que uno empieza a pensar en cómo va a quedar la casa después. Es verdad que una terraza cerrada se puede aprovechar mucho más: deja de ser ese espacio al que solo se sale cuando hace buen tiempo y puede convertirse en una zona útil durante buena parte del año. Pero también es fácil imaginar el escenario contrario: cristales que convierten la terraza en un horno en agosto, una obra más cara de lo previsto o un cerramiento que no termina de encajar con la vivienda.

Por eso no es una reforma que tenga demasiado sentido decidir solo porque otros vecinos la hayan hecho. Hay terrazas en las que el cambio puede ser enorme y otras en las que apenas compensa. La orientación, el clima, el tamaño, el uso que se le quiera dar y las características del edificio pesan bastante más de lo que parece. También hay que pensar en el tipo de cerramiento, en cómo se comportará el espacio cuando le dé el sol, en el aislamiento y en la ventilación, además de comprobar qué requisitos legales existen antes de empezar la obra.

En definitiva, la pregunta no debería ser tanto si acristalar la terraza está de moda o si «merece la pena» en general, sino si tiene sentido para esa terraza concreta y para la forma en que se utiliza la vivienda. Ahí es donde empiezan las diferencias importantes.

Por qué se plantea la gente acristalar una terraza

No todo el mundo acristala la terraza por la misma razón. Para algunos propietarios es una forma de aprovechar un espacio que apenas utilizan durante varios meses; para otros, la prioridad es ganar confort dentro de casa. También influye mucho el tipo de vivienda y la situación concreta de la terraza: no se plantea igual un cerramiento en un piso alto y expuesto al viento que en una vivienda donde apenas hay ruido exterior.

Ganar metros útiles durante todo el año. Una terraza abierta puede quedar prácticamente inutilizada en invierno, cuando el frío, la lluvia o el viento hacen poco agradable pasar tiempo allí. Al acristalarla, ese espacio puede utilizarse durante muchos más meses y convertirse en una zona de lectura, un pequeño comedor, un despacho o simplemente un lugar más de la casa en el que estar. No se ganan metros construidos, pero sí se consigue sacar mucho más partido a los que ya existen.

Proteger frente al viento y las inclemencias. En determinadas viviendas, esta es incluso la principal razón para plantearse la reforma. Una terraza expuesta puede recibir viento con bastante intensidad, acumular suciedad o quedar inutilizada después de una tarde de lluvia. El cerramiento crea una separación física que permite disfrutar del espacio con unas condiciones mucho más estables, algo especialmente interesante en pisos altos y en zonas donde el viento es habitual.

Reducir el ruido exterior. Los cristales también pueden ayudar a amortiguar parte del ruido procedente de la calle. La diferencia puede ser especialmente apreciable en viviendas situadas junto a carreteras, avenidas o zonas con bastante actividad. El resultado dependerá, eso sí, del tipo de vidrio y del sistema de cerramiento elegido: no cualquier acristalamiento ofrece el mismo aislamiento acústico.

Aumentar la sensación de amplitud y luminosidad. Una terraza acristalada mantiene buena parte de la entrada de luz natural y, si está bien integrada con la estancia contigua, puede hacer que el salón o el comedor parezcan visualmente más grandes. Es una de las razones por las que algunos propietarios buscan soluciones con perfiles discretos y grandes superficies de vidrio, especialmente cuando la terraza tiene buenas vistas o una orientación luminosa.

Proteger muebles y otros elementos. Una terraza cerrada también permite mantener en mejores condiciones determinados muebles, plantas u objetos que, en una terraza completamente abierta, están continuamente expuestos al sol, la lluvia, la humedad y la suciedad. Esto puede ampliar las posibilidades de uso del espacio y evitar que determinados elementos tengan que guardarse cada vez que cambia el tiempo.

Conseguir una vivienda más cómoda en determinadas épocas del año. Aunque un cerramiento no convierte automáticamente la terraza en una habitación climatizada, sí modifica las condiciones del espacio y puede hacer que resulte más agradable en días de frío, viento o lluvia. Eso sí, esta ventaja depende mucho de cómo se diseñe el conjunto: un acristalamiento mal planteado puede solucionar el frío en invierno y crear un problema de exceso de temperatura en verano.

El gran temor: convertir la terraza en un horno en verano

La preocupación más habitual entre quienes dudan sobre acristalar es, precisamente, la contraria a la que motiva la reforma en invierno: el miedo a que, en los meses de calor, la terraza acristalada se convierta en un espacio inhóspito por el efecto invernadero que puede generar el cristal expuesto al sol directo.

Este riesgo es real si el acristalamiento se plantea mal, sin tener en cuenta la orientación del espacio ni las posibilidades de ventilación. Sin embargo, no es un problema irresoluble: existen soluciones técnicas específicas pensadas para evitarlo. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) señala que la elección adecuada de los cerramientos exteriores de una vivienda no solo afecta al confort en invierno, reduciendo las pérdidas de calor, sino también a las condiciones de verano, ya que un buen diseño de estos elementos permite reducir las ganancias de calor por radiación solar directa, complementando esta protección con soluciones de ventilación y sombreado adecuadas para cada caso.

Esto significa que la clave no está en elegir entre «cerrar y pasar calor» o «no cerrar y pasar frío», sino en elegir el sistema de cerramiento adecuado para el uso y la orientación concreta de cada terraza.

Las soluciones intermedias: ni todo cerrado, ni todo abierto

No siempre hace falta elegir entre una terraza completamente abierta y otra cerrada de forma permanente. De hecho, una de las opciones que más sentido tiene en determinadas viviendas es precisamente buscar un sistema que permita cambiar el espacio según la época del año. En invierno interesa protegerse del frío, la lluvia y el viento; en verano, en cambio, poder abrir y ventilar se vuelve casi imprescindible.

Los cerramientos con cortinas de cristal correderas son una de las alternativas más conocidas. Sus paneles pueden desplazarse y recogerse hacia un lateral, de manera que la terraza queda protegida cuando hace mal tiempo, pero puede abrirse prácticamente por completo cuando llega el calor. Además, al tener perfiles muy reducidos en comparación con otros sistemas, mantienen bastante bien la sensación de estar al aire libre.

Por otro lado, los expertos de Cerramientos Marzai, recuerdan que también están los techos móviles o fijos para terrazas, una solución especialmente interesante cuando el principal problema es el sol o la lluvia y no tanto la temperatura exterior. Esto permite proteger una terraza sin necesidad de convertirla necesariamente en una habitación cerrada.

Otra posibilidad es combinar ambas cosas: una cubierta que proteja desde arriba y laterales que puedan abrirse cuando sea necesario. En una terraza muy soleada, por ejemplo, contar con una cubierta adecuada puede ser más importante que cerrar completamente los laterales; en una vivienda muy expuesta al viento, puede tener más sentido dar prioridad al cerramiento lateral.

También existen opciones más sencillas, como toldos, pérgolas o sistemas de protección solar, que no ofrecen el mismo aislamiento que un cerramiento acristalado pero pueden ser suficientes cuando lo que se busca es principalmente sombra y protección frente a la lluvia. Suelen implicar además una intervención menor y permiten conservar completamente la sensación de terraza abierta.

Qué preguntarse antes de decidir

Antes de decidir si acristalar la terraza, y con qué tipo de solución, conviene hacerse algunas preguntas clave. No hay un cerramiento que funcione igual de bien en todas las viviendas, y muchas de las decisiones que parecen secundarias sobre el papel terminan siendo las que determinan si el resultado resulta cómodo o no.

¿Para qué se va a usar realmente ese espacio? No es lo mismo buscar una zona de estar que se use casi a diario durante todo el año, que simplemente querer proteger la terraza de la lluvia o el viento en momentos puntuales. El uso previsto determina, en gran medida, qué tipo de solución tiene sentido y cuánto merece la pena invertir en ella.

¿Cuál es la orientación de la terraza? Una terraza orientada al sur o al oeste, muy expuesta al sol directo durante buena parte del día, necesita soluciones que permitan controlar la entrada de calor en verano, mientras que una orientación norte, con menos incidencia solar, puede beneficiarse de un cerramiento más cerrado sin tanto riesgo de sobrecalentamiento.

¿Cómo se comportará en verano? Es una de las preguntas que más conviene hacerse antes de instalar cristales. Una terraza puede resultar mucho más agradable en invierno y, al mismo tiempo, convertirse en un espacio excesivamente caluroso durante los meses de verano si no cuenta con una ventilación adecuada, protección solar o algún sistema que permita abrirla.

¿Existe la posibilidad de ventilación cruzada? Un espacio cerrado sin ninguna posibilidad de generar corriente de aire tiende a acumular calor con mucha más facilidad que uno que permite abrir puntos opuestos para ventilar. Por eso, la forma y distribución de la terraza también deberían tenerse en cuenta a la hora de elegir el sistema.

¿Qué tipo de aislamiento necesita la vivienda? No todos los cerramientos ofrecen el mismo comportamiento frente al frío, el calor o el ruido. Si la intención es utilizar la terraza como una extensión real de la vivienda, merece la pena prestar atención a los vidrios, los perfiles y la estanqueidad, y no fijarse únicamente en el aspecto exterior o en el precio.

¿Cuánto se está dispuesto a gastar? El presupuesto puede cambiar bastante dependiendo del tamaño de la terraza, los materiales, el tipo de apertura y las prestaciones que se busquen. Tener claro desde el principio si se pretende hacer una actuación sencilla o convertir el espacio en una zona plenamente habitable ayuda a evitar decisiones que después obliguen a asumir gastos adicionales.

¿Qué dice la normativa de la comunidad y del ayuntamiento? Este es un punto que muchas personas pasan por alto al principio, y que conviene resolver antes de avanzar en cualquier proyecto. Dependiendo del edificio, del municipio y de cómo afecte el cerramiento a la fachada, pueden existir requisitos, autorizaciones o limitaciones que sea necesario comprobar previamente.

Y hay una última cuestión bastante sencilla que también merece la pena plantearse: ¿se quiere cerrar la terraza porque realmente se necesita o simplemente porque parece una buena forma de ganar espacio? Si el problema concreto está claro, será mucho más fácil elegir una solución adecuada. Si no, existe el riesgo de acabar haciendo una obra costosa para conseguir un espacio que después apenas se utiliza.

Otro detalle a tener en cuenta

Acristalar una terraza no es una decisión que dependa únicamente de criterios personales de confort: también implica, casi siempre, obtener determinados permisos. Al tratarse de un elemento que forma parte de la fachada del edificio, la Ley de Propiedad Horizontal exige, con carácter general, contar con la autorización de la junta de propietarios para modificar elementos que afectan al aspecto exterior común del inmueble, incluso cuando la terraza sea de uso privativo. Sin ese acuerdo, la comunidad podría exigir por vía judicial la retirada del cerramiento, incluso si se dispone de licencia municipal.

A esa autorización comunitaria se suma, en la mayoría de los casos, la necesidad de obtener una licencia municipal de obras, cuyos requisitos concretos varían según el ayuntamiento y según si el cerramiento se considera obra menor o mayor. Informarse sobre estos trámites antes de iniciar cualquier proyecto no solo evita sanciones económicas, sino también la posibilidad, nada infrecuente, de tener que desmontar una instalación ya realizada por no contar con los permisos adecuados.

Una decisión con más matices de los que parece

Al final, la pregunta de si acristalar o no una terraza no admite una respuesta genérica válida para cualquier vivienda. Depende del clima de la zona, de la orientación del espacio, del uso real que se le vaya a dar y de la solución técnica elegida. Un cerramiento fijo y completamente cerrado puede ser la opción perfecta para quien vive en una zona fría y busca ganar una habitación más durante todo el año, mientras que un sistema móvil, combinado con un techo adecuado, puede resultar mucho más adecuado para quien busca proteger la terraza sin renunciar a la sensación de espacio abierto en los meses de más calor.

Tomarse el tiempo de analizar estos factores, en lugar de decidirse únicamente por estética o por lo que ha hecho el vecino, es lo que marca la diferencia entre una reforma que se disfruta durante todo el año y otra que termina generando más problemas —de calor, de humedad o incluso legales— de los que en un principio pretendía resolver.